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Cuidados, prevención y educación
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LA NUEVA REALIDAD HÍBRIDACiudadanía digital: el rol de los adultos
Uso excesivo de pantallas: señales de alerta
Observar cómo se integra la tecnología en la vida cotidiana de niñas, niños y adolescentes es otra forma de cuidado. Si el uso del celular, la tablet o la computadora empieza a desplazar el descanso, el juego, la escuela o los vínculos afectivos, esto puede ser una señal de alerta. Por ejemplo, observar si el tiempo en línea le impide dormir y hacer ejercicio o si afecta sus relaciones presenciales con familiares y amigos. Esto ayudará a detectar que existe una problemática.
Las pautas de alerta pueden ser específicas, es decir, directamente vinculadas al uso digital, o inespecíficas, más sutiles o atribuibles también a otros cambios propios del crecimiento, en especial, durante la adolescencia.
Pantallas y salud mental infantil: a qué prestar atención
- Necesidad constante de conexión y malestar al interrumpir el uso.
- Mentir sobre el tiempo de uso o minimizar la situación.
- Dificultad para aceptar los límites y conectarse a escondidas.
- Aislamiento progresivo de actividades presenciales.
- Mayor interés por la validación digital (likes, seguidores, comentarios).
- Obsesión con algunas páginas web o ciertos juegos.
- Reducción del juego simbólico y la creatividad en edades tempranas.
- Reacciones físicas o emocionales intensas cuando el dispositivo no está disponible.
Pueden tener múltiples causas, pero se intensifican con una exposición excesiva a pantallas:
- Cambios emocionales: aparición frecuente de tristeza, ansiedad, irritabilidad o frustración, junto con baja autoestima, malestar con la propia imagen o una mayor dependencia emocional de lo digital.
- Alteraciones en las rutinas cotidianas: puede haber problemas de sueño, cansancio persistente, dolores de cabeza o fatiga visual, también cambios en la alimentación o la higiene personal.
- Problemas de aprendizaje: la distracción constante, el menor rendimiento escolar o el desinterés por las tareas pueden estar asociados a dificultades para concentrarse luego de una exposición prolongada a estímulos digitales.
- Impacto en los vínculos y desarrollo: el aislamiento social, las dificultades para relacionarse, el retraso del lenguaje en niñas y niños pequeños, la dificultad para sostener la atención o la espera, y la mayor presión por compararse con otros pueden intensificarse con un uso excesivo de pantallas.
- Mantener la calma y abrir el diálogo: preguntar qué está pasando, habilitar la palabra.
- Acompañar el uso digital, no solo supervisarlo: participar, jugar, ver contenidos juntos sobre todo en la primera infancia y con preadolescentes.
- Construir acuerdos familiares sobre horarios, momentos y espacios con y sin pantallas. Ver Acordamos Reglas.
- Configurar herramientas de privacidad y seguridad. Ver Guía de Seguridad Digital.
- Buscar orientación profesional si los cambios afectan la vida emocional, escolar o social.
Acordamos reglas
Cada familia tiene sus ritmos, sus desafíos y su propia forma de usar la tecnología. En lugar de prohibiciones que generan distancia, proponemos acuerdos construidos en conjunto: qué está permitido, en qué momentos, con qué frecuencia, con quiénes pueden conectarse y qué hacer si pasa algo. Este conjunto de reglas ofrece una guía y evita discusiones. Pero sobre todo, ayuda a trabajar en habilidades digitales en todas las etapas del crecimiento de niñas, niños y adolescentes.
Lo ideal es definir reglas claras sobre el uso de dispositivos, con horarios y espacios sin pantallas dependiendo la edad y exhibirlas en lugar donde todos puedan verlas, como la heladera. Esto ayuda a que la tecnología no lo invada todo. Lo fundamental es lograr equilibrio y que las personas adultas puedan acompañar de manera activa.
Cuando todas las voces participan del acuerdo, es más fácil sostenerlo en el tiempo. Por eso, sugerimos formalizarlo como un acuerdo familiar de bienestar digital, escrito y firmado, una herramienta que pueden revisar y ajustar cuando sea necesario.
Algunas ideas para incluir en los acuerdos:
- Tenemos una hora sin pantallas antes de ir a dormir.
- En la mesa, los celulares y tablets quedan afuera: conversamos entre todos.
- Los dispositivos se cargan de noche en un lugar común, fuera de las habitaciones.
- Uso las pantallas en presencia de un adulto de confianza.
- Si veo o escucho algo en línea que me preocupa, me asusta o me entristece, pido ayuda.
- Muestro amabilidad y respeto a los demás en línea.
- Limito mi tiempo en línea a… (por ejemplo: “De lunes a viernes una hora por día y los fines de semana dos”).
- No pido ni uso dispositivos antes de ir a dormir, ni los llevo a mi cuarto.
- No comparto mis contraseñas ni información personal con nadie en línea.
- Reviso mi configuración de privacidad con un adulto y mantengo mis cuentas seguras.
- Pido permiso antes de descargar nuevas aplicaciones o juegos.
- Consulto antes de compartir fotos o videos míos o de otras personas.
- Solo chateo con personas que conozco en la vida real, como amigos y familiares, incluso cuando estoy jugando.
- Cuestiono lo que veo, escucho y hago en línea, y pienso si es cierto y puedo confiar.
- Pido permiso para realizar una compra dentro de una aplicación.
- Mantengo un buen equilibrio entre el tiempo frente a la pantalla y el tiempo sin conexión.
- Limito mi tiempo en línea a… (por ejemplo: “De lunes a viernes dos horas por día y los fines de semana tres”).
- No uso dispositivos antes de ir a dormir ni en mi habitación.
- Cuido mis datos personales: no comparto dirección, escuela, contraseñas ni información privada con nadie que no conozca en persona.
- Reviso mi configuración de privacidad y mantengo mis cuentas seguras.
- Uso contraseñas fuertes y no las comparto con nadie.
- Desactivo la ubicación en las apps y decido con quién comparto mis contenidos.
- Pido permiso para realizar una compra dentro de una aplicación.
- Pienso antes de publicar: qué subo, con quién lo comparto y cómo puede sentirse la otra persona.
- Hago pausas para cuidar mi salud mental, mi sueño y mi bienestar.
- Mantengo las pantallas apagadas en mi habitación después de cierta hora para descansar mejor.
- Cargo el celular y la tablet a la noche fuera de la habitación.
- Sostengo un equilibrio entre mis actividades online y offline: estudio, deporte, amigos, descanso y tiempo sin pantalla.
- Si siento que paso demasiado tiempo conectado, lo hablo en casa para revisar juntos cómo me estoy sintiendo.
- Entiendo que pedir, crear o compartir fotos íntimas de alguien (reales o manipuladas) es violencia digital.
- Uso la IA como apoyo para estudiar o crear ideas, pero no para copiar trabajos completos.
- Si una respuesta de IA me preocupa o me confunde, busco más fuentes o hablo con un adulto.
- Si me equivoco, puedo pedir ayuda a mi familia.
Es importante que las consecuencias estén claras si el acuerdo no se cumple, y que los adultos lo acompañen con el ejemplo.
Ofrecemos una plantilla descargable que pueden completar juntos, para conversar, decidir y escribir sus propias reglas, según la edad y los usos que hagan de Internet.
Lo más importante es tener un plan y que niñas, niños y adolescentes sientan que ante cualquier problema siempre pueden pedir ayuda.
Y también, si como familia deciden esperar antes de dar un smartphone, pueden sumarse a Manos Libres, una comunidad de padres y adultos responsables que acompaña a postergar el uso del celular (hasta los 14) y las redes sociales (hasta los 16), con acuerdos y apoyo en red.