Grooming

La tecnología no creó el grooming, pero, al igual de lo que sucede con el bullying o la información falsa, el uso intensivo de redes, chats y videojuegos amplifica las oportunidades de los agresores para contactarse con niñas, niños o adolescentes con el propósito de cometer un delito contra su integridad sexual. El groomer puede ser un desconocido o alguien del entorno cercano, que en otro contexto no tendría acceso ni posibilidad de entablar este tipo de conversaciones.

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¿Cómo prevenir?

A medida que crecen, niñas, niños y adolescentes empiezan a construir comunidades en línea: juegan con otras personas, chatean, siguen y son seguidos, reciben comentarios y mensajes privados. Parte de esas interacciones son con amistades “de la vida real”, pero otras son con personas que no conocen fuera de la pantalla.

En este contexto, ya no alcanza con decirles “no hables con extraños en Internet”. Es más útil enseñarles a reconocer comportamientos de riesgo:

  • Reencuadrar la idea de “desconocido “con un lente digital
    • En vez de centrarse solo en si conocen o no a la persona cara a cara, es más efectivo hablar de señales de alerta.
    • Alguien insiste en hablar a solas, en privado, y lleva la conversación a otra app.
    • Hace preguntas personales o situacionales: dónde viven, si están solos, a qué escuela van, etc.)
    • Propone mantener el contacto en secreto (“no le digas a nadie que hablamos”).
    • Envía regalos, monedas del juego o gestos de “favor”.
    • Habla de temas sexuales o pide fotos, “poses”, videos o llamadas íntimas.
    • Se enoja, culpa o presiona cuando el chico o la chica no quiere hacer algo.
    • El mensaje clave no es “toda persona nueva es peligrosa”, sino: “Prestemos atención a lo que hace y cómo te hace sentir”.
  • Explicar qué es el grooming y sus señales de alerta
    • El grooming es un proceso mediante el cual una persona adulta u otra persona con intención de dañar gana la confianza de un niño, niña o adolescente para luego cruzar límites y avanzar hacia situaciones de abuso o explotación sexual, muchas veces manteniendo el secreto a través de miedo y vergüenza.
    • Puede ocurrir rápido o durante semanas/meses.
    • Empieza como un contacto “buena onda” con halagos, atención, regalos en juegos y comprensión. De a poco, cambia el tono: habla de temas sexuales, pide fotos, propone videollamadas íntimas.
    • Luego usa lo que consiguió para presionar o amenazar (“si no me mandás más, muestro todo”).
    • Ayuda mucho nombrar estas etapas y preguntarles si alguna vez vieron algo parecido en juegos, redes o chats.
  • Practicar qué hacer ante una situación de riesgo
    • Anticipar el riesgo a través de la simulación y práctica reduce la vulnerabilidad. Se pueden usar frases breves, por ejemplo: “No quiero hablar de eso”, “No mando fotos”, “Voy a salir del chat”, “Si seguís insistiendo, te bloqueo”. Y reforzar: nunca es culpa del niño si alguien lo manipula. Siempre puede acudir a un adulto. Si algo los hace sentir incómodos, confundidos, presionados o asustados, es una señal suficiente para pedir ayuda.

¿Cómo detectar señales de alerta?

Se pueden tenerse en cuenta ciertos signos, algunos más específicos y otros que pueden responder a problemáticas propias de la edad:

  • Cambios en el comportamiento, como ansiedad, angustia o nerviosismo frente o después de usar dispositivos.
  • Alteraciones en sus rutinas diarias: dificultades para dormir, pesadillas, cambios en el apetito.
  • Comportamiento sexual inapropiado para su edad.
  • Pérdida de interés en actividades habituales.
  • Temor o estrés ante notificaciones.
  • Esconderse para hablar por celular o enviar mensajes, ocultar la pantalla a los adultos.
  • Uso excesivo de redes/mensajes: actitud distante o desconfiada con familiares, resistencia a hablar de su vida digital.
  • Que hable de regalos inexplicables en juegos (skins, monedas, tarjetas), sin poder decir quién se los dio.

¿Qué hacer?

  • Mantener la calma y habilitar el diálogo:
    • Evitar reaccionar con enojo, pánico o impulsividad.
    • No quitar el dispositivo: puede profundizar el aislamiento, eliminar un canal de apoyo y desalentar que vuelvan a contarte lo que ocurre.
    • Tomarse unos minutos para estar en una disposición calma antes de hablar.
    • Agradecer que hayan recurrido a nosotros y reforzar que hicieron lo correcto al contarlo.
    • Hacer preguntas abiertas para comprender la situación sin juzgar ni culpar: “¿Qué pasó? ¿Cómo te hizo sentir? ¿Cuándo empezó?”.
  • No culpar nunca a quien lo cuenta. Pueden sentirse responsables o no verse como víctimas. Es clave reconocer y validar que hayan pedido ayuda.
  • Contener emocionalmente.
  • No hacerse pasar por el niño o adolescente, ni confrontar al agresor, ni reportar el perfil de inmediato. Esto puede borrar evidencia, escalar el riesgo o poner en peligro a la víctima.
  • Documentar correctamente antes de reportar:
    • Guardar mensajes, usuarios, plataformas y fechas.
    • Realizar capturas de pantalla (screenshot) de todo.
    • Copiar la URL (enlace) del perfil o chat cuando la plataforma lo permita. Normalmente, puede verse en la barra de direcciones de la parte superior de la página si se usa una computadora de escritorio, portátil o tableta.
    • En WhatsApp, ir a la conversación (tres puntitos → Más “Exportar chat”). Se creará un archivo .zip para enviar a otro contacto.
    • Bloquear al agresor solo cuando la evidencia esté resguardada en otro dispositivo.
  • Aumentar la privacidad digital (ajustes de seguridad) de todos los dispositivos del grupo familiar: Cambiar contraseñas, Ajustar privacidad en redes y juegos, Revisar contactos y autorizaciones.
  • Buscar apoyo psicológico.
  • Hacer la denuncia en fiscalía a través de los canales indicados en Necesito Ayuda.
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