Ciberbullying

El ciberbullying o ciberacoso ocurre cuando un niño, niña o adolescente sufre amenazas, hostigamiento o humillación de forma sistemática e intencional por parte de uno o más pares a través de medios digitales. Puede suceder en redes sociales, mensajes privados, comentarios en publicaciones, así como en la creación y circulación de imágenes o videos denigrantes y otros contenidos que se comparten para ridiculizar y agredir a la persona acosada.

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¿Cómo prevenir?

La mejor forma de reducir el ciberbullying es acompañar y enseñar desde temprano cómo relacionarse con respeto y cómo actuar cuando algo lastima. Crear un clima de confianza en casa y en la escuela permite que chicas y chicos pidan ayuda sin miedo.

Hay algunas acciones simples que reducen el riesgo:

  • Fomentar la empatía y practicarla con el ejemplo.
  • Incentivar a desarrollar estrategias para romper la inercia grupal y lograr que los testigos de acoso en línea se animen a denunciar. Los testigos tienden a naturalizar la violencia, imitar conductas agresivas o adoptar actitudes sumisas por miedo a ser las próximas víctimas. El ciberbullying es muy dinámico: quienes hoy son agredidos, mañana pueden ser testigos o agredir, por eso es importante no encasillar a los chicos y chicas en roles.
  • Reflexionar sobre las consecuencias de las acciones, incluyendo las legales, de compartir contenido.
  • Ser una red de escucha y contención para que las chicas y los chicos se animen a hablar y a contar si son víctimas de ciberbullying, testigos o si compartieron o dijeron algo de otra persona que los hizo sentir mal.
  • Si está involucrado el grupo de la escuela, lo que sucede online también es responsabilidad del establecimiento educativo. Deben contar con protocolos de prevención y abordaje, y de convivencia escolar y hay que comunicarles lo que sucede. Lo mismo con el club y otros espacios de pertenencia social.
  • El mensaje importante a transmitirles es que no están solos: tienen derecho a pedir ayuda frente a cualquier situación de maltrato o humillación en línea, y que hacerlo no los hace débiles, sino responsables con su propio bienestar.

Claves por edad:

De 4 a 7 años: a esta edad todo se aprende a través del juego y del ejemplo. Les mostramos que lo que decimos y hacemos importa, en la pantalla y fuera de ella. Compartir, esperar turnos, pedir disculpas y hablar con amabilidad son aprendizajes que más adelante llevarán al mundo online.

De 8 a 12 años: les recordamos que las mismas normas que usan cara a cara valen en Internet: no insultar, no burlarse, no reenviar algo que puede dañar. También que pueden pedir ayuda si alguien habla mal, los deja afuera o les manda mensajes incómodos. Avisar no es “botonear”: es cuidarse y cuidar a los demás.

De 13 a 17 años: es importante hablar del tema antes de que ocurra. Acordamos juntos cómo quieren ser acompañados si aparece un problema online. Los invitamos a ajustar la privacidad, ser selectivos con quiénes aceptan en redes y usar herramientas como bloquear o reportar en vez de responder a la agresión. Les recordamos que no están solos y que pedir ayuda es un acto de cuidado, no de debilidad.

¿Cómo detectar señales de alerta?

La persistencia y combinación de varias de las señales que se detallan a continuación, más cambios en la conducta habitual, pueden ser un indicio. Pero ningún indicador por sí solo confirma ciberbullying, salvo las pruebas concretas o el relato de chicas y chicos.

Conductuales y sociales

  • Aislamiento de amigos, actividades o grupos digitales.
  • Negativa a asistir a la escuela, clubes o casas de familiares.
  • Estallidos de ira, angustia o llanto sin causa aparente.
  • Pedidos de cambio de curso, grupo o institución sin justificación clara.

Emocionales y psicológicos

  • Ansiedad, tristeza, estrés crónico y baja autoestima.
  • Síntomas depresivos, ideas de muerte o conductas autolesivas.
  • Pérdida de interés en actividades, apatía o desesperanza.
  • Irritabilidad, retraimiento y temor constante a ser ridiculizado.

Académicos

  • Descenso en las calificaciones y en el compromiso escolar.
  • Dificultades de concentración y aprendizaje.
  • Ausentismo reiterado o evasión de espacios donde se está generando esta dinámica grupal (escuela/club).

Físicos y somáticos

  • Cansancio persistente, cefaleas, dolor abdominal o vómitos (sobre todo antes de ir a clases).
  • Alteraciones del sueño y la alimentación (pérdida o aumento del apetito).
  • Síntomas de ansiedad física: palpitaciones, sudoración o temblores.

Conductas en relación a sus dispositivos

  • Hiperconexión: monitoreo constante del celular para ver publicaciones sobre sí mismos.
  • Uso del teléfono en horarios o lugares inusuales; ocultamiento de dispositivos o claves.

¿Qué hacer?

  • Mantener la calma y habilitar el diálogo
    • Evitar reaccionar con enojo, pánico o impulsividad.
    • No quitar el dispositivo: puede profundizar el aislamiento, eliminar un canal de apoyo y desalentar que vuelvan a contarte lo que ocurre.
    • Tomarse unos minutos para estar en una disposición calma antes de hablar.
    • Agradecer que hayan recurrido a nosotros y reforzar que hicieron lo correcto al contarlo.
    • Hacer preguntas abiertas para comprender la situación sin juzgar ni culpar: “¿Qué pasó? ¿Cómo te hizo sentir? ¿Cuándo empezó?”.
  • Escuchar, contener y dimensionar el problema
    • Validar lo que sienten: no minimizar (“es una tontería”, “no les des importancia”).
    • Ayudarlos a entender si se trata de hechos aislados o persistentes, interacciones dentro de un grupo reducido o una difusión más amplia, mensajes hirientes esporádicos o acciones sostenidas más dañinas.
    • Hablar de conductas, no de identidades: “quién está agrediendo” vs. “el agresor”: la conducta puede cambiar, la persona no es su conducta.
    • Explorar qué apoyo necesitan ahora: compañía, intervención adulta, tiempo para procesar, contacto con la escuela o club, ayuda psicológica.
  • Documentar correctamente la evidencia
    • Guardar mensajes, nombres de usuario, plataformas y fechas.
    • Hacer capturas de pantalla (screenshots) del contenido ofensivo.
    • Copiar URLs (enlaces) de perfiles o publicaciones si la plataforma lo permite.
    • En WhatsApp, ir a la conversación (tres puntitos → Más “Exportar chat”). Se creará un archivo .zip para enviar a otro contacto.
    • Evitar almacenar nudes o imágenes sexuales de menores de 18, ya que suele ser ilegal. En ese caso registrar solo la información clave: perfiles, enlaces, fechas, contexto.
    • Bloquear solo cuando la evidencia esté respaldada en otro dispositivo o por un adulto.
    • Si el contenido incluye agresión física registrada, amenazas graves o difusión masiva, documentar más detalladamente.
    • No borrar nada hasta registrar todo.
Reportar el daño en línea
  • Denunciar el contenido directamente en la plataforma (red social, videojuego, chat, app).
  • Guardar los comprobantes de la denuncia (ID de reporte, capturas, correos).
  • Si la plataforma no responde o no remueve el contenido, seguir con la vía institucional disponible de acuerdo a la gravedad del caso (establecimiento, fiscalía).
  • Para casos graves (amenazas, difusión de imágenes íntimas, ataques físicos o sexuales registrados):
    • Buscar apoyo psicológico especializado.
    • Denunciar en fiscalía o Ministerio Público Fiscal. Ver Necesito Ayuda.

Prevenir más contacto y reforzar la seguridad

  • Acompañar a chicas y chicos para:
    • no responder ni devolver agresiones,
    • silenciar, ignorar, restringir o bloquear desde la app,
    • revisar privacidad y limitar quién puede contactarlos,
    • cerrar o pausar temporalmente aplicaciones si el daño es constante.
  • Un adulto puede hacerse cargo de seguir documentando para evitar que el niño o adolescente siga exponiéndose al contenido dañino.
  • Si se pide ayuda a amigos para registrar evidencia, asegurarse de que no se expongan ellos mismos a daño o angustia.
Articular con otros espacios (escuela, club, familias)
  • Si el acoso involucra personas del entorno escolar o deportivo, comunicarlo para que la institución lo aborde de forma grupal, preventiva y restaurativa.
  • Recordar que lo que sucede en línea también es responsabilidad de la escuela o del club.
  • Acordar estrategias conjuntas y proteger la privacidad del niño o adolescente.
Cuidar la salud emocional y buscar apoyos
  • Considerar acompañamiento psicológico si hay angustia persistente o impacto significativo en su vida cotidiana.
  • Recordarles que lo que pasa en línea también merece cuidado, distancia y descanso.
Empoderar y fortalecer resiliencia
  • Ayudarlos a identificar herramientas concretas para enfrentar el problema y recuperar la sensación de control.
  • Fomentar que participen en la toma de decisiones sobre qué pasos seguir.
  • Reforzar los lazos positivos: amistades saludables y las actividades deportivas, creativas o con familiares.
  • Dejar claro que nadie merece ser maltratado y que pedir ayuda es un acto de fortaleza, no de debilidad.
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